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Autoría

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Hay vientos de cambio en Montevideo.

Siendo una plaza chica y de paladar tan tradicional, me produce una gran felicidad cuando aparecen propuestas novedosas como la de Agustín Miranda con su restaurant Autoría.

Agustín volvió de España dónde estuvo viviendo, aprendiendo y trabajando con los mejores durante los últimos 17 años. Y se jugó a todo o nada a revolucionar (o seguir revolucionando con Foc, Toledo Bar de Tapas y Estrecho) la cocina montevideana.

Desembarcó en el tradicional local familiar de empanadas La Barca y lo dio vuelta a su gusto. Con mucho trabajo y pasión lo reformó y es casi imposible reconocer el local anterior. Un ambiente mucho más íntimo, separado por sectores, con la cocina a la vista y una gran barra.

Tiene una carta corta, novedosa, que varía con frecuencia. Agustín tiene una fuerte impronta y está decidido a empujar los límites del paladar local hasta convertirlo en un paladar sibarita. Para ello se ocupa de crear una red de proveedores locales con altísima calidad de producto. Y trata el producto con técnicas perfectas producto de su vasta experiencia en cocinas estrelladas.

Te reciben con una panera interesante y un amouse bouche que consiste en una bomba de papa y zucchini rebozado.

La carta de vinos es corta, pero variada. Cuidada y elegida, con vinos notables como Los Nadies Equilibrio 2011. Nosotros nos decidimos por un vino de Garzón que siempre nos lleva a buen puerto: el Cabernet Franc Reserva.

Para nuestra primera experiencia en Autoría decidimos compartir de entrada una bruschetta de cuatro mostazas, fingers de pollo y graten de queso. Abundante, sabrosa, con un pan que acompaña perfectamente lo que lleva arriba.

Como principal pedimos el Bombón de carne y el Raviolón gigante de Jamón Crudo, Tomate, Albahaca y Mozzarella de Búfala. El Raviol era imponente, ocupaba todo el plato. La masa muy delicada y con un relleno sabroso y contundente. Hubiese preferido un crocante en lugar de los verdes que venían en el emplatado, pero estaba delicioso igualmente.

Ahora, EL B O M B Ó N. Cualquier cosa que diga es poco.

Por empezar, sorprende. Sorprende la presentación, sorprende, la carne, sorprende el emplatado, sorprende todo. Son cinco «bombones» de rabo de novillo (toro no hay), guisados a la perfección, envueltos en masa filo, que se deshacen en la boca provocando una explosión de sabor. Debiera convertirse en plato insignia de la carta y no desaparecer nunca de ella. Para los incrédulos les advierto que la porción es suficiente.

No quisimos dejar de probar los postres y pedimos el Umami (confit de boniato, sorbete de crema, falso dulce de leche con sal marina y romero) y un pastel de queso con frutos rojos. El Umami muy interesante y el pastel de queso muy rico.

Café y un té Queen of Fruits delicioso, con un servicio de té muy original.

Atención muy amable. Todo invita a volver. Y muchas veces.
Tienen también un menú ejecutivo muy osado e interesante.
No se lo pierdan. Hay que apoyar a los cocineros que se juegan por más.

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