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Sushi True by Danny Sadi

Sushi True by Danny Sadi

 

Sushi True by Danny Sadi

 

Si estás en Montevideo y querés comer el mejor sushi de plaza, reservá en Sushi True.
Recientemente mudados a una casa preciosa, a un par de cuadras de Boulevard y Boulevard, el tipo que más sabe de sushi por estos lares, Danny, te propone un viaje de ida.

Danny se dedica al sushi hace muchos años. Se formó en Buenos Aires, entre otros, con Silvia Morizono (de pie, por favor).
Fue chef ejecutivo en La Susana, en el Hotel Vik, y en The Gran Hotel en el Este, y también trabajó en el Parador La Huella, en el Club de Golf de Montevideo, el Yatch Club de Punta del Este y en el restaurant Cru.
Como buen cocinero y restaurateur, en cuanto vio que el Sheraton de Montevideo cerraba sus puertas, incorporó a su staff al Chef Ejecutivo del hotel, Mauro Fernández, para que se hiciera cargo de los platos de cocina japonesa.

El restaurant te propone un ambiente íntimo, con las mesas distanciadas cumpliendo con todos los protocolos sanitarios, una barra (con un acrílico que te separa del sushiman) y un coqueto living. Decoración a tono, luces tenues y una atención de primera línea hace que todo se disfrute más.

La carta tiene entradas, sushi, sushi Premium, platos japoneses y postres. Una carta de vinos internacional, con algunas sorpresas como el español Petit Pittacum que nos encantó y una buena carta de tragos.
Una de las pocas ventajas que tiene esta #pandemia es que el menú, al estar en un código QR, me permite replicarlo aquí y la carta va a estar siempre actualizada. 

https://sushitrue.coolmenu.app/dishes_pwa?categoria_id=547

Dentro de las entradas probamos las gyosas de cerdo, las de cerdo y camarón y las croquetas de siri. Todos los platos impecables. Pero la estrella es la famosa tortilla japonesa: okonomiyaki.

Mi sugerencia es que te dejes llevar, si vas a comer sushi. Que Danny te traiga lo que a él le parezca. Nos trajo: Sirí con caviar, langostinos con foie, salmón con ajo negro y parmesano gratinado, gunkan con queso de cabra, Geisha con palta y phila en tempura, jamón crudo y langostinos panko, roll de frutilla caramelizada, roll con foie grass y niguiris ahumados y de wagyu. Uno más rico que el otro. Deliciosos y de brillante ejecución.

Luego pasamos a los platos de la cocina japonesa, a cargo de Mauro: un ramen de caldo untuoso, fideos, huevo y cerdo riquísimo y un Katsu Sando.

Los postres son muy buenos.
Hay en la carta una creación de mi pastelero favorito, Andrés Sánchez, que es un BONSAI: algodón de azúcar, chocolate, sésamo y sal, tierra de cacao y frutos secos y helado de matcha. Un postre para compartir con el niño que siempre llevamos dentro.
Luego pedimos el Suspiro Limeño que fue uno de los más ricos que he comido.
Y para completar la tremenda comilona, un postre llamado Mi Jardín, que son distintas texturas de chocolate.
Suele suceder que los postres no sean el fuerte de los restaurantes. En este caso fueron tan impecables como todos los platos del menú.

 

Sin dudas es para ir, para volver y para recomendar.

 

 

 

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